Hoy se ha celebrado un acto en homenaje a las Trece Rosas, ejecutadas por orden del régimen franquista el 5 de agosto de 1939. La Guerra Civil ya había acabado. Se trataba de represión, nada más que represión, brutal represión (muchas de ellas, más de la mitad, no llegaban a la mayoría de edad de la época, 21 años). Una de estas rosas era Blanca Brisac Vázquez, madre de Enrique. He aquí la carta con la que se despidió de su hijo, de 11 años:
Querido, muy querido hijo de mi alma:
En estos últimos momentos tu madre piensa en ti. Sólo pienso en mi niñito de mi corazón que es un hombre, un hombrecito, y sabrá ser todo lo digno que fueron sus padres. Perdóname, hijo mío, si alguna vez he obrado mal contigo. Olvídalo hijo, no me recuerdes así, y ya sabes que bien pesarosa estoy.
Voy a morir con la cabeza alta. Sólo por ser buena: tú mejor que nadie lo sabes, Quique mío.
Sólo te pido que seas muy bueno, muy bueno siempre. Que quieras a todos y que no guardes rencor a los que dieron muerte a tus padres, eso nunca. Las personas buenas no guardan rencor y tú tienes que ser un hombre bueno, trabajador. Sigue el ejemplo de tu papachín. ¿Verdad, hijo, que en mi última hora me lo prometes? Quédate con mi adorada Cuca y sé siempre para ella y mis hermanas un hijo. El día de mañana, vela por ellas cuando sean viejitas. Hazte el deber de velar por ellas cuando seas un hombre. No te digo más. Tu padre y yo vamos a la muerte. No sé si tu padre habrá confesado y comulgado, pues no le veré hasta mi presencia ante el piquete. Yo sí lo he hecho.
Enrique, que no se te borre nunca el recuerdo de tus padres. Que te hagan hacer la comunión, pero bien preparado, tan bien cimentada la religión como me la enseñaron a mí. Te seguiría escribiendo hasta el mismo momento, pero tengo que despedirme de todos. Hijo, hijo, hasta la eternidad. Recibe después de una infinidad de besos el beso eterno de tu madre.
Blanca.
Blanca, donostiarra, era la única de las trece que estaba casada. Enrique, su hijo, aseguró a El País que su padre “pertenecía a la UGT”, pero que Blanca “dijeron que era de la JSU, y yo sé que no militaba. Lo puedo jurar”. Era, al parecer, votante de derechas. Trabajaba, con su marido, de pianista en una pequeña orquesta que amenizaba las proyecciones de las películas del Cine Alcalá. Prestaron dinero a un músico militante comunista, Juan Cánepa, y eso les valió la muerte. El 5 de agosto de 1939. Hace 70 años.
EDITO (06/08/09 a las 17.00)
Mini-reportaje, mío, en El Diario Vasco.