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Del “tactismo” de López a la “gilipollez” de Basagoiti
Patxi López, lehendakari del Gobierno Vasco, dijo ayer sobre la propuesta del PNV (para garantizar la estabilidad institucional con el objetivo de salir de la crisis) que ”habrá que ver qué hay detrás de la oferta, si un compromiso de verdad o simplemente tactismo“. Hoy ha perseverado en el error: “habrá que ver si está hecha desde la colaboración o desde el tactismo“.
¿Tactismo?
tactismo
m. biol. Movimiento de aproximación o huida de una célula u organismo como respuesta a un estímulo externo: el tactismo negativo provoca el alejamiento del estímulo.
López quiso decir, quizás, tacticismo, que, aunque no viene en el diccionario, parece que es el término más empleado. Aunque con el término táctica hubiera sido suficiente (y lo más correcto): “habrá que ver qué hay detrás de la oferta, si un compromiso de verdad o simplemente una táctica”.
El presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti, ha salido hoy en defensa de su compañero de filas el presidente de la Generalitat Valenciana: “Las acusaciones que le hacen a Francisco Camps son una verdadera gilipollez y además las hace un tío que pasaba por allí (…)”.
gilipollez
1. f. vulg. Dicho o hecho propios de un gilipollas.
gilipollez
1. f. vulg. Tontería, estupidez, idiotez: dejar ese trabajo tan bueno fue una gilipollez.
Sí, aparece en el diccionario. Pero póngase especial atención en la abreviatura vulg.: ¿qué significa? Según la guía de abreviaturas del DRAE, significa vulgar (ordinario, chabacano, tosco, basto, grosero, inculto). Basagoiti podía haber evitado pasar por vulgar refiriéndose a la acusación como “poco fundada” o “impropia de la altura intelectual de este juez” (dependiendo un poco de cuál de las dos definiciones tenía en mente en el momento de la entrevista).
¿Y todo esto para qué? Pensaba, ingenuo de mí, que con el adiós de Ibarretxe, el español, idioma fuertemente reprimido en Euskadi, volvería a la senda de la corrección. Nos hemos librado de los “ciudadanos y ciudadanas vascos y vascas”, pero quien ostenta ahora el poder no se queda atrás. Lo de López no se entiende: nos tiene acostumbrados a leer todas y cada una de las palabras que expresa. ¿Quién se ha atrevido a escribirle eso de tactismo?
Y lo de Basagoiti, menos. Alguien que aspira a ser el segundo céfalo de una lehendakaritza que el PP trata como si fuera bicéfala no puede caer en la chabacanería propia de políticos populistas como Jesús Gil y Gil o Hugo Chávez.
“No puede” no, “no debe”. Porque aquí todo se puede, todo está permitido, todo es posible. La culpa la tienen las anchoas.
Una miaja de cada
Encontrado en un foro, recomendado por Pablo. No necesita introducción.
Ciertamente, un árabe que no conozca el castellano nuinca podrá ser, con la Constitución y leyes actuales, un español. E incluso si lo domina deberá esperar diez años para nacionalizarse, mientras que cualquier iberoamericano, por el hecho de pertenecer a una -sentida- comunidad cultural e histórica de estados independientes ostentando la nacionalidad de uno de estos, solo tendrá que acreditar veinticuatro meses de residencia legal y continuida para solicitar su nuva condición. Por supuesto, no es casual que Península Ibérica se escriba, según recomendación académica, siempre con mayúsculas, signo del valor que se da a este apéndice geológico.
Un estado se legitima así con el sentimiento nacional de sus miembros, mucho más perdurable y asequible que cualquier motivación racional, sujeta a cambios y matices eternizadores y perfectamente sublimable (léase subsumible) en él. Por lo que los españoles nos dimos, quizá una vez más, una patria común en el texto primario de nuestra comunidad política, como referente emotivo. Por descontado, no había unanimidad, pero aún persise como base, (“fundamento”
de toda la arquitectura institucional que nos reconoce como ciudadanos.
Una arquitectura que no comienza en 1978, claro, sino en la evolución de una Monarquía que le era tan propia a Nápoles como a Castilla, a Aragón como a Brabante, y para la que a veces que utilizaba, informalmente, un nombre que en puridad compartió con Portugal hasta el primer tercio del siglo XIX. (Napoleón, de hecho, pensó en utilizar la emergente fuerza nacionalista que crearon los liberales para extirpar la presencia del Rey y el Trono como bases cardinales del nuevo tipo de estado -¡y hasta hoy!- juntando, emtre otros, a todos los “españoles” de ambas Coronas, tal como revela él mismo en su Memorial de Santa Helena).
La Nación indisoluble -aún más contundente que indivisible, colijo- no permite referendums particulares que minen esa condición. Si se admiten para colectividades cuya conciencia de si mismas puede diferir en grados o proporción con la generalidad de aquella, lo atribuyo a la realidad consumada de que la sensación de cerar una “comunidad imaginada”, cual son las naciones, sigue siendo hoy, como en 1789, la excusa perfecta para simbolizar la reunión de intereses prosaicos de todo tipo, pero también autorrepresentación precipitada por la historia, de siglos ha o creada en un instante feliz. O bien, más comúnmente, y como dicen en mi invadida, repoblada y orgullosa tierra, una miaja de cada.
La misma
Se detuvo ante una joyería y entró en la misma. La misma mujer con la que se había despertado pocas horas antes apuntaba con una Star 28 a la cabeza del joyero. El mismo, paralizado por el terror, lo miró mientras entraba, empujaba la puerta con un golpe seco y cerraba el pestillo de la misma.
de toda la arquitectura institucional que nos reconoce como ciudadanos.