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Un robot no debe dañar a un ser humano
Las tres leyes de la robótica, según Isaac Asimov
- Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
- Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley.
- Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.
Ayer, la muerte de un mozo en el encierro de Sanfermín provocó un intenso debate entre periodistas: ¿era necesario mostrar el rostro ensangrentado de la víctima de la cornada en el momento mismo de su agonía? Los medios de comunicación han dado diversa respuesta a esta pregunta. Lainformacion.com se destacó desde el primer momento por respetar la intimidad del corredor fallecido y no mostrar la foto que EFE había hecho llegar a todos su suscriptores.
Sin embargo, el robot del que tanto presumen “desobedeció” a la voluntad editorial de sus dueños humanos e hizo pública la fotografía en la portada. No tardaron en justificarse:
Algunos usuarios, como @sblanco y @adelgado, han criticado el hecho de que en la portada de lainformacion.com también apareciera la imagen del corredor fallecido. En concreto, la imagen que aparecía en la sección de agregación de vídeos. Nos gustaría aclarar que estas imágenes aparecen en la portada por agregación automática y se da la circunstancia de que en este momento del proyecto, en fase beta, no tenemos herramientas para retirar esos contenidos manualmente. Que no suene a excusa pero, por una vez, la culpa no es de los humanos sino de los robots.
Un robot que actúa en contra de los intereses de su dueño no es un buen robot. No hay fase Beta que justifique que un medio de comunicación sea incapaz de hacer valer su apuesta editorial (en este caso, la no publicación de la foto). Isaac Asimov escribió Las tres leyes de la robótica en 1942. Ha llovido desde entonces, pero siguen siendo tan aplicables hoy como entonces, cuando los robots eran cosa de relatos de ciencia ficción: “Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño”.
Hay veces en las que ni siquiera el más avanzado de los robots puede sustituir al periodista. Menos mal.
A medias
Es domingo y, por eso, se asume que las redacciones de los medios (también de los cibermedios) tarden en reaccionar a las noticias. El País demostró, con las protestas en Irán, que su capacidad de reacción mermaba si el asunto a tratar se escapaba de la lógica informativa tradicional (dicho en cristiano: que si la información estaba en Twitter y no en los teletipos no sabía reaccionar).
Hoy, con el golpe de estado en Honduras, la reacción ha sido inmediata. Hay información en Twitter y elpais.com lo está publicando.

Precisamente en Twitter ha tenido lugar una discusión sobre este asunto, entre Ricardo Galli, de Menéame, y Antonio Delgado, periodista. Lo reproduzco a continuación:
@gallir: No me queda más que felicitar a El País: http://box.jisko.net/i/da5242.png (arriba a la derecha en http://www.elpais.com/)
@adelgado: Discrepo con lo que dices. Que un medio se enchufe en su portada a un hashtag sin filtrar genera más ruido que información. Sobretodo pq la mayoría de los tuits son de gente de fuera q comenta lo que lee en medios digitales de sus países. No son fuentes.
@gallir: El ruido no es culpa del El País, en todo caso de los “tuiteros”, pero lo que vale es la intención y abrir los ojos, ya mejorará. Lo qu e podrían hacer es seleccionar unas pocas fuentes como las que has citado, pero eso no es obvio la primera vez que lo haces.
@adelgado: Claro que no es culpa de ElPais, pero enchufar un hastag en una home no es informar. Es como tirarme a un pozo para un vaso de agua. Hay otro problema. Si esas fuentes “domésticas” se vuelve mediáticas ¿No los están poniendo en peligro por su seguridad personal?
@gallir: Es lo que haráa cualquiera la primera vez que ve un pozo de agua y un vaso
(al menos ya se han topado con el pozo).
Tal y como se lo ha recordado Javier de la Cueva a Galli, “Tweeter en El País ya lo pusieron cuando Irán. Versión 2.0 de ¿puedo saludar?: http://bit.ly/15f4CJ“. La nueva fuente de información está identificada, pero la tecnología no puede sustituir la labor periodística tradicional: la selección de la información. Acudir a Twitter está muy bien, pero los usuarios que visitan la web de elpais.com buscan y exigen información. El periodista informa, no vomita en bruto todo lo que existe sobre una cuestión de actualidad.
ACTUALIZO (28/02/09, 23.44h):
El maestro Orihuela apunta a la necesidad de filtrar la información que llega a través de las nuevas vías de comunicación. Destaco el párrafo clave:
La etiqueta #Honduras muestra el flujo global sobre la crisis hondureña, pero allí se mezclan todo tipo de voces y todo tipo de intereses: aprender a filtrar y analizar en tiempo real este tipo de ríos de noticias, opiniones, rumores, intoxicaciones y testimonios, será una de las misiones de los curadores de contenidos digitales.
¡Que El País ya se ha enterado!
El periódico global en español mantuvo en portada durante el día de ayer una ventana que mostraba, al instante, los últimos comentarios en Twitter sobre los sucesos que están teniendo lugar en Irán (a través, sobre todo, del término de búsqueda #iranelection).
No es nada nuevo: desde el fin de semana pasado algunos usuarios de Twitter vienen informándonos a quienes queremos leerles de qué está ocurriendo sobre el terreno y qué cobertura están realizando los medios. Dirigen a los internautas a vídeos y fotografías (realizadas por los propios iraníes con sus teléfonos móviles) que dan muestra de las manifestaciones y altercados, y recomiendan enlaces interesantes de medios de comunicación que están tratando el asunto (y aportan información adicional, como el caso de The Boston Globe).
Como las prestigiosa revista Time se ha lanzado a glorificar Twitter, las cabeceras analógicas se apuntan, por imitación, a la moda. El País también. He aquí un fragmento de la portada de hoy:
Me imagino a los entendidos en el asunto, que son muchos y muy buenos, explicando, desde el lunes, la historia a sus jefes: “¿Tuitqué? No, no, … Ángeles, Ángeles, qué pasa en Irán. ¿Que no os dejan trabajar? Pues ya tenemos de qué quejarnos. No te preocupes, que seguro que la competencia tampoco lleva nada de información”.
Exhibicionismo
Intenté escribir más de una vez una entrada sobre el Penegate de El País, pero mis palabras, que pretendían estar llenas de respeto, acababan segregando bilis. Así que decidí desahogarme por esos mundos de Twitter y Facebook, que se prestan menos a los discursos largos e incendiarios: “Quiero ver en la portada de elpais.com algo que me preocupe de verdad. ¿Es mucho pedir?”, “Una galería de fotos que SÍ me apetece ver: http://shar.es/o9ar“, “Las fotos de Berlusconi ya no abren la portada de elpais.com. No está mal. Ahora sólo falta que acaben las elecciones del mamoneo europeo”.
Hoy, por fin, descubro un mensaje (tweet, o tuit, o como los gurús queramos llamarlo) que me reconcilia con el periodismo (el de calidad, el de verdad):
soitu_es: Hay dos PENES en la portada de soitu y ninguno es de un primer ministro http://cort.as/_58
Al leerlo me he quedado mucho más tranquilo. No sé por qué.
Síndrome de Estocolmo
El pasado miércoles (3 de junio) presentamos en sociedad a Jacinton Post, el proyecto fin de carrera que nos ha tenido secuestrados durante el último mes y pico. Hilarante presentación, precedida por felicitaciones y celebraciones en concordia. Pero la euforia escondía una realidad mucho más cruda, más cruel.
Lo del secuestro es literal: 24 horas al día dedicado a la web, con el tiempo libre justo como para perder la cartera (¡mi cartera…!). Y ahora, después de dedicarme en cuerpo y alma a Jacinton, dándole de comer, vistiéndolo guapo-guapo, soy yo quien lo necesita. Es una necesidad nerviosa, como la del fumador compulsivo que no encuentra un pitillo fumable ni en el suelo de un bar.
No publicaré nada hasta que tengamos el veredicto final de Paco, Luis y Miguel Ángel. A partir de ahí, no me hago cargo de mis acciones. Algo me pide que no dejemos morir a Jacinton en el cementerio de los proyectos. Ha estado vivo durante algunos días y ha funcionado. Puede seguir funcionando, aunque para eso tengamos que volver al garaje, rebajar nuestras expectativas y replantearnos parte del funcionamiento (con suerte, los miembros de Jacinton Post tendremos trabajo los próximos meses, trabajo “de verdad”).
Pase lo que pase, seguiremos informando.
Una miaja de cada
Encontrado en un foro, recomendado por Pablo. No necesita introducción.
Ciertamente, un árabe que no conozca el castellano nuinca podrá ser, con la Constitución y leyes actuales, un español. E incluso si lo domina deberá esperar diez años para nacionalizarse, mientras que cualquier iberoamericano, por el hecho de pertenecer a una -sentida- comunidad cultural e histórica de estados independientes ostentando la nacionalidad de uno de estos, solo tendrá que acreditar veinticuatro meses de residencia legal y continuida para solicitar su nuva condición. Por supuesto, no es casual que Península Ibérica se escriba, según recomendación académica, siempre con mayúsculas, signo del valor que se da a este apéndice geológico.
Un estado se legitima así con el sentimiento nacional de sus miembros, mucho más perdurable y asequible que cualquier motivación racional, sujeta a cambios y matices eternizadores y perfectamente sublimable (léase subsumible) en él. Por lo que los españoles nos dimos, quizá una vez más, una patria común en el texto primario de nuestra comunidad política, como referente emotivo. Por descontado, no había unanimidad, pero aún persise como base, (“fundamento”
de toda la arquitectura institucional que nos reconoce como ciudadanos.
Una arquitectura que no comienza en 1978, claro, sino en la evolución de una Monarquía que le era tan propia a Nápoles como a Castilla, a Aragón como a Brabante, y para la que a veces que utilizaba, informalmente, un nombre que en puridad compartió con Portugal hasta el primer tercio del siglo XIX. (Napoleón, de hecho, pensó en utilizar la emergente fuerza nacionalista que crearon los liberales para extirpar la presencia del Rey y el Trono como bases cardinales del nuevo tipo de estado -¡y hasta hoy!- juntando, emtre otros, a todos los “españoles” de ambas Coronas, tal como revela él mismo en su Memorial de Santa Helena).
La Nación indisoluble -aún más contundente que indivisible, colijo- no permite referendums particulares que minen esa condición. Si se admiten para colectividades cuya conciencia de si mismas puede diferir en grados o proporción con la generalidad de aquella, lo atribuyo a la realidad consumada de que la sensación de cerar una “comunidad imaginada”, cual son las naciones, sigue siendo hoy, como en 1789, la excusa perfecta para simbolizar la reunión de intereses prosaicos de todo tipo, pero también autorrepresentación precipitada por la historia, de siglos ha o creada en un instante feliz. O bien, más comúnmente, y como dicen en mi invadida, repoblada y orgullosa tierra, una miaja de cada.

de toda la arquitectura institucional que nos reconoce como ciudadanos.