Aparto cuidadosamente los cristales y vio que la sonrisa seguía ahí. Pisó el marco una, dos, tres, cuatro, cinco veces, hasta que tuvo la foto desnuda en las manos. La sonrisa seguía ahí. Rompió la foto en mil pedazos, pero, en un trozo pequeño, la sonrisa permaneció intacta. Mientras, una sonora carcajada le retumbaba en el interior del cráneo.
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