El mito de la brevedad (y de la banalidad)
Cito a Berna G. Harbour, subdirectora de El País (en @pacotto): “Derribemos el mito de la brevedad; el lector de internet no le tiene miedo a los textos largos… si son buenos”. Y ahora, tiro de memoria. Decía Harbour que ellos (refiriéndose a elpais.com) habían caído, en el pasado, en la búsqueda de más y más lectores a través de la banalidad: noticias sobre Britney Spears (era su ejemplo) y personajes e historias del estilo. Pero aquello era el pasado: ahora las piezas más leídas son reportajes de periodismo de verdad, de historias relevantes. No como en elmundo.es (no sé si lo dijo, pero lo dio a entender). Hoy, domingo 10 de mayo, a las 12.00 del mediodía, estas son las noticias más leídas:
Memoria de una reina del porno, del periodista Jesús Rodríguez, un reportaje de relevancia social que nos acerca a una realidad oculta pero imprescindible para el buen devenir de las futuras generaciones (clasificado en la sección de Cultura, blanco y en botella). Desde el principio se intuye que el periodista busca llegar a esas verdades universales que, compartidas, ayudan a configurar una sociedad mejor, y no llegar a entretener con cuatro disparates:
La pornografía alberga dos misterios. Primero: ¿consumen los actores sustancias que prolonguen sus erecciones? (…) Segundo: ¿alcanzan las actrices orgasmos durante los rodajes? (…).
Por fin, por fin se han dado cuenta de lo que una sociedad sumida en una crisis sin precedentes necesita: ¿utilizan esos hombretones Viagra? ¿Hay muchos grititos, Milagritos, que son de mentirijillas? Una vez resuelta la vida de millones de españoles, ¡de hispanohablantes!, el periodista decide darle ritmo al asunto. Nos habla de Sophie Evans, actriz porno española (ponerle rostro a la noticia, ¡bien!):
Sophie Evans es una estrella. Perfeccionista y exigente. Se cuida. Pasa controles de hepatitis, VIH y herpes genital. Es monógama. No fuma ni bebe ni se droga. Lleva una vida ordenada. Como una deportista de élite. Ha intervenido en 200 películas. (…).
¡Pim, pam, pim, pam! ¡Qué ritmo! “Lleva una vida ordenada”. “Ha intervenido en 200 películas [pornográficas, claro]“. El periodista, que no busca protagonismo (eso ya se lo dan los lectores y usuarios de la web), deja hablar a la entrevistada. No tiene desperdicio:
Hace unas semanas, un joven se le acercó en Barcelona y le dijo: “Sophie, no sabes la de pajas que me he hecho contigo”. “Y no me pareció un insulto [responde Sophie Evans]. Me pareció muy bonito. Me lo dijo con cariño. Mi trabajo es excitar a gente como el de un cómico hacer reír. Puro espectáculo”.
Lo mismo: hacer reír y excitar. Chiste: hay quien cuando trata de excitar acaba haciendo reír. ¡Tachán! El periodista, sabedor de que la fusión de géneros atrae al lector e imprime mayor ritmo al texto, introduce un breve diálogo:
-¿Usted consume mucho porno?
-Me da corte. Como soy amiga de los protagonistas, no me excito viéndolos. No me pone. Son amigos. (…) Los veo y no se me ocurre pensar: “¡Qué bueno está este tío!”, sino “¡qué ilusión verlo!”. Además, cuando veo una peli estoy todo el tiempo pensando: “Esa penetración está mal hecha o no se ve bien o no me gusta el decorado”. Lo veo desde el punto de vista profesional y no disfruto.
-¿Y haciéndolo?
-A veces sí; depende del rodaje. Si es en un sitio íntimo; si estás relajada, cómoda; con un chico que lo hace bien y tienes un buen día, te puedes correr. (…).
-¿Cuál es su secreto para calentar al público?
-Disfrutar con lo que haces. Y para que disfrutes, el actor te debe respetar y ser sensato. (…).
Pero “calentar al público”, al parecer, está reñido con una interpretación magistral. Lo reconoce el periodista y la actriz (que es mala actriz, pero hay que seguir llamándola actriz, ¿cómo si no?):
Sophie Evans no es una gran actriz. No es Meryl Streep. Lleva tres años estudiando interpretación en el Centro de Estudios de las Artes Cinematográficas y Escénicas de Barcelona con intención de saltar al cine convencional, pero confiesa que cuando trabaja en montajes normales le cuesta sustraerse al registro histriónico del porno, a su actitud exagerada y depredadora.
En este punto, el periodista se da cuenta de que no puede dejar a Sophie Evans como una actriz mediocre tirando a (muy) floja, porque, entonces, no estaría justificado semejante reportaje. Así que en un arranque de honor, orgullo, o vaya usted a saber qué, Jesús Rodríguez interviene, heroíco:
No, a primera vista Sophie Evans no parece una gran intérprete. Pero no es del todo cierto. Cuando uno reflexiona, llega a la conclusión de que si a lo largo de 12 años ha hecho creer a millones de espectadores de todas las razas y edades que experimentaba grandes y felices orgasmos mientras era atravesada por un miembro de 25 centímetros, es que es merecedora del Oscar.
El reportaje culmina, tras un repaso a la historia del porno español, un acercamiento a la Sala Bagdad de Barcelona y unas pinceladas sobre el matrimonio y divorcio de Evans y Toni Ribas (un actor porno español), con un nuevo diálogo, donde el periodista no pierde la oportunidad de buscar, nuevamente, esas verdades universales, a través de preguntas que jamás nadie ha realizado:
-¿Le recomendaría a su hija que se dedicara al porno?
-No se lo recomendaría, pero le ayudaría si se metiera en esto. Le aconsejaría que tuviera cuidado con quién trabaja; hay productores falsos; tíos que son unos cerdos y quieren acostarse contigo, te contratan y no hay película detrás. Hay mucha mentira.
-¿Cómo es la vida sexual de una estrella del porno?
-Normalita. En casa no hago acrobacias. Las dejo para la pantalla. Pero los hombres me tienen miedo. Les asusta no dar la talla; que les vayas a exigir mucho. Piensan que te van a dejar insatisfecha y se ponen a hacer cosas raras en la cama, como si fueran actores porno. Y a mí me entra la risa. Mi trabajo no es normal. Pero yo lo soy.
El reportaje más leído de El País del 10 de mayo de 2009, domingo, a las 12.00 del mediodía. Memoria de una reina del porno. Casi como Gabriel García Márquez. Nada de banalidad, como defiende Berna G. Harbour, subdirectora del periódico.
El reportaje, desde luego, derriba el mito de la brevedad: tiene más de 4.500 palabras.
ACTUALIZACIÓN (12.30):
El reportaje ha desaparecido, en media hora, de los diez más leídos (sigue siendo el más enviado).
4 comentarios en 'El mito de la brevedad (y de la banalidad)'
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Bueno, el tema de la pornografía no es del todo banal: mueve tanto dinero como el PIB de algunos países. El reportaje, por encima, es una mierda. Pero banal banal… más banal fue el paseo de aquel famoso escritor por áfrica -no sé si García Márquez o Vargas Llosa-.
Si das cosas interesantes da igual la extensión. Y a la gente le interesa… lo banal.
(Hoy en el Mundo hay tanto deporte en lo más leído como asesinatos y cosas varias en el País. Pan y Circo)
El antihéroe
10 may 09 a las 15:26
Un reportaje sobre la pornografía no tiene por qué ser, de partida, algo banal. Este reportaje sí que lo es (queda demostrado, espero, en las citas extraídas). El punto de vista que tú planteas podría haber sido tratado con gusto y relevancia.
Tampoco critico lo banal por ser banal (soy un fan declarado de Sardá), lo que me molesta es que los responsables de unos medios de comunicación se anden con pretensiones de dignidad, cuando un vistazo a la realidad demuestra lo contrario.
Mikel Otaegi
10 may 09 a las 17:56
Mikel, ¡enhorabuena!
Sí, a mi también me chirría un poquito tanta tontería con pretensiones de dignidad. Estuve en la charla y me mordí durante todo el rato la lengua.
La crítica a la versión digital de Elpaís por llevar contenidos banales o ligeros con la pretensión de tener más clics, la hacía en ese aula de fcom la subdirectora tan sólo unos días después de que hubiésemos visto en la portada de El País impreso una foto de los traseros de Letizia Ortiz y Carla Bruni como instantantánea de la cumbre franco-española. Además el titular creo recordar que era algo sobre colaboración policial y sólo se veían dos posaderas: una real y otra republicana, eso sí. ¿Es esto huir de los contenidos ligeros? Bah.
También dijo que pese a la crisis mundial, económica y especialmente la crisis de publicitaria y la de los medios de comunicación… vivíamos en la época dorada de los contenidos. Según ella teníamos cada vez más historias y más buenas en los medios, después de reconcoer que ellos mismo llevan menos páginas.
A mi eso no me cuadra: menos dinero, menos páginas y… los medios ahora mismo no se están gastando ni un real en comprar historias. Es dificil de creer, porque ahora mismo eso, los medios no dan ni tres pesetas por ninguna historia. A mi me deprime un poco leer la prensa, el 80% son noticias de agencia. ¿Dónde está el contenido propio, brillante y excelente? ¿Dónde están las historias con cara, nomrbes y apellidos? ¿Dónde están las buenas crónicas y reportajes, proios y exclusivos?
¡Ah, qué tonto soy! ¡Qué preguntas hago! Si ya está todo resuelto: fingen orgamos, aunque a veces no. Ya está todo lo que nos quitaba el sueño por la noche.
Contenidos de calidad.
dburgui
18 may 09 a las 2:21
“He quitado de los RSS el feed del País, porque estoy hasta los cojones de ver futbol. Quiero noticias, no basura. Fuck Pais”. Del Twitter de @antiheroe.
Y me gusta elpais.com, entro todos los días, disfruto de alguno de sus reportajes. Pero cuando la realidad es la que es (gris tirando a negra), por mucho que una subdirectora vaya diciendo que es todo lo contrario (rosa), los lectores lo notamos. Que no nos persuadan en charlas, que lo hagan a través de los contenidos de su web (o del papel).
La tecnología y sus usos van a dar mayor protagonismo a los contenidos, pese a quien le pese. Google, Twitter y los que están por llegar están “despedazando” los medios tradicionales y nos están sirviendo los contenidos de forma individual. Si El País, El Mundo y el resto de medios quieren seguir teniendo lectores, tendrán que apostar, tarde o temprano, por los contenidos de calidad.
Un poco de esperanza tecnológica.
Mikel Otaegi
18 may 09 a las 10:25