Aznar ha sido, para muchos, el Demonio al que había que combatir. El solo nombrarlo les repugnaba. Patxi López, como candidato a lehendakari, supo hacer de Juan José Ibarretxe su propio Aznar. Proclamó el cambio frente a ese inmenso Mal que dividía y enfrentaba. Logró polarizar al electorado y sacar tajada política.
Aún hoy, seis meses después de dar un vuelco a la composición del Parlamento Vasco, López sigue haciendo uso del diabólico Ibarretxe. La última vez, en su blog:
Hoy, tras diez años de políticas separatistas, de planes que olvidaban a la mitad de los vascos, vuelve a reinar el espíritu de Ramón Rubial en Euskadi.
La jugada no le va a durar eternamente. Con Ibarretxe en Puerto Rico, disfrutando de aquello que no logró para Euskadi, el electorado se irá olvidando de sus maléficas legislaturas. Muy pronto, la mayoría de los vascos mirarán más a su bolsillo que a la ilusión del cambio (si es que no lo están haciendo ya). Según reconoce su socio preferente, López anda muy verde a la hora de aportar soluciones contra la crisis económica. Y verde no por los brotes, precisamente.
Cuanto más lejos queda el recuerdo de Ibarretxe, más rancias resultan sus demonizaciones. Parecen excusas.