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Del 31 al 1
“Señor Rodríguez, señorita Sánchez: como el parto ha sido a medianoche, pueden elegir la fecha de nacimiento. Qué prefieren, ¿31 ó 1?”. ”Uy, pues… el 31, ¿no? Sí, sí, porque recuerda que 2009 ha sido un año tan bueno que…”. “Está bien. Laura, por favor, di a los periodistas que hablen con los García, a ver si…”.
Iker Rodríguez Sánchez, 01/01/2010.
Vuelta a empezar
Se levantó. Retiró, sacudiendo con una mano, la porquería del suelo que se le había adherido a la chaqueta. Abrió el portal y subió en ascensor hasta la azotea.
Volvió a saltar.
Cuchillo de metal
Miró hacia sus manos ensangrentadas. “Pero… ¿por qué? ¿Por qué lo he hecho?”. Agarró con fuerza el cuchillo de metal. Brillaba. “Tan joven y… la he…”. Comenzó a temblar. Alzó la mirada y una fuerte luz golpeó sus ojos. “Ya vienen… ya vienen”. El cuchillo se deslizó de sus manos. Clink. Clink. Clink.
“Doctor, ¿seguimos operando o qué?”.
El enterrador
“¿Y quién te va a enterrar a ti?”. Una rara pandemia había asolado el pueblo. Solo quedaban dos supervivientes. El enterrador rebuscó en el baúl de su madre. Al fin, encontró una pequeña botella de cristal, la llevó a la cocina y vertió su contenido en un vaso. De pronto, escuchó un disparo.
¡Ahí está!
Mientras paseaba, clavaba mi mirada en todas las mujeres que pasaban a mi lado. La estaba buscando. “¡Ahí está!”, y no era ella. “¡Allí!”, tampoco. Cuanta mayor era mi desesperación, más frecuentes eran las mujeres idénticas a ella que se cruzaban a mi paso. “¡Esa es, esa es!”.
Yo la buscaba, sí, pero ella a mí no.
La misma
Se detuvo ante una joyería y entró en la misma. La misma mujer con la que se había despertado pocas horas antes apuntaba con una Star 28 a la cabeza del joyero. El mismo, paralizado por el terror, lo miró mientras entraba, empujaba la puerta con un golpe seco y cerraba el pestillo de la misma.