Archivo de Mayo, 2009
Cinco cosas que no sabes sobre Corea del Norte
Ahora que los norcoreanos están de moda, no está de más saber un poco más (maldita rima) de los vecinos del norte de Corea del Sur. En Weird News nos explican cinco cuestiones que la mayoría desconocemos.
- Corea del norte es uno de los principales productores mundiales de fruta fresca. Según la FAO, ocupa el décimo lugar en cantidad de producción de frutas como las manzanas, los melocotones, las nectarinas y las peras.
- Tiene una tasa de alfabetización (porcentaje de la población mayor de 15 años que puede leer y escribir) del 99%. No lo dice el gobierno norcoreano, sino la propia CIA en su Factbook.
- El dictador Kim Jong-il es un grandísimo jugador de golf: puede realizar un 38 bajo par sin despeinarse (y mira que es complicado). El culto a su personalidad es tal que los norcoreanos han llegado a divinizarlo.
- Al líder le gusta mucho el cine. Por eso, para crear una industria propia, secuestró al director surcoreano Shin Sang-ok en 1978. El cineasta pudo huir ocho años más tarde en un viaje que realizó a Vienna.
- El hijo de Kim Jong-il, principal candidato a heredar el trono comunista, es un fan declarado de Eric Clapton. Incluso se le ha podido ver en algún concierto del rockero británico.
El futbolista sociable
Entrevista a Eric Cantona, ex-jugador del Manchester United (entre otros equipos), en El País.
P. ¿Mantiene usted contacto con sus antiguos compañeros?
R. No, la verdad es que no. No me gusta mucho hablar por teléfono. La verdad es que, en general, no me gusta mucho estar con gente. Me gusta estar en casa con mi familia, o ir a la montaña a pasear. Bueno, a veces también me gusta ver a los amigos y divertirme, claro.
“No me gusta hablar por teléfono”. (Es que resulta que me gusta más el calor de una conversación cara a cara y eso).
“No me gusta mucho estar con gente”. (Qué coño, la gente corriente y sus caras no tienen nada que aportarme a mí, a Eric Cantona, ¡Can-to-na!).
“Me gusta estar en casa”. (La gente corriente no, pero mi familia sí. Al fin y al cabo, yo mismo hice a mi familia; sangre de mi sangre, genio de mi genio. De genialidad”.
“A veces también me gusta ver a los amigos y divertirme”. (Bueno, vale, a veces concedo entrevistas a periodistas como tú, tonto del haba).
Una miaja de cada
Encontrado en un foro, recomendado por Pablo. No necesita introducción.
Ciertamente, un árabe que no conozca el castellano nuinca podrá ser, con la Constitución y leyes actuales, un español. E incluso si lo domina deberá esperar diez años para nacionalizarse, mientras que cualquier iberoamericano, por el hecho de pertenecer a una -sentida- comunidad cultural e histórica de estados independientes ostentando la nacionalidad de uno de estos, solo tendrá que acreditar veinticuatro meses de residencia legal y continuida para solicitar su nuva condición. Por supuesto, no es casual que Península Ibérica se escriba, según recomendación académica, siempre con mayúsculas, signo del valor que se da a este apéndice geológico.
Un estado se legitima así con el sentimiento nacional de sus miembros, mucho más perdurable y asequible que cualquier motivación racional, sujeta a cambios y matices eternizadores y perfectamente sublimable (léase subsumible) en él. Por lo que los españoles nos dimos, quizá una vez más, una patria común en el texto primario de nuestra comunidad política, como referente emotivo. Por descontado, no había unanimidad, pero aún persise como base, (“fundamento”
de toda la arquitectura institucional que nos reconoce como ciudadanos.
Una arquitectura que no comienza en 1978, claro, sino en la evolución de una Monarquía que le era tan propia a Nápoles como a Castilla, a Aragón como a Brabante, y para la que a veces que utilizaba, informalmente, un nombre que en puridad compartió con Portugal hasta el primer tercio del siglo XIX. (Napoleón, de hecho, pensó en utilizar la emergente fuerza nacionalista que crearon los liberales para extirpar la presencia del Rey y el Trono como bases cardinales del nuevo tipo de estado -¡y hasta hoy!- juntando, emtre otros, a todos los “españoles” de ambas Coronas, tal como revela él mismo en su Memorial de Santa Helena).
La Nación indisoluble -aún más contundente que indivisible, colijo- no permite referendums particulares que minen esa condición. Si se admiten para colectividades cuya conciencia de si mismas puede diferir en grados o proporción con la generalidad de aquella, lo atribuyo a la realidad consumada de que la sensación de cerar una “comunidad imaginada”, cual son las naciones, sigue siendo hoy, como en 1789, la excusa perfecta para simbolizar la reunión de intereses prosaicos de todo tipo, pero también autorrepresentación precipitada por la historia, de siglos ha o creada en un instante feliz. O bien, más comúnmente, y como dicen en mi invadida, repoblada y orgullosa tierra, una miaja de cada.
Cuando es el cliente quien va en busca de la publicidad
Hacía algún tiempo que me había encontrado con los vídeos que Valve había filmado para dar a conocer la segunda edición de uno de sus juegos más conocidos: Team Fortress. Hoy, por casualidad, me he topado en YouTube con uno de esos anuncios. La reflexión es breve y sencilla: en Valve conocen el medio en el que se mueven. Y eso es una novedad: ¿cuántas empresas consiguen que sus clientes busquen y visionen repetidas veces sus anuncios? A bote pronto, me viene al recuerdo Apple y su “Mac vs. PC”. Poco más.
Con este tipo de publicidad, Valve consigue llamar la atención dentro del mayor caos publicitario que jamás ha existido (internet, sí). Se diferencia del resto de millones de juegos a la vez que llega justo al usuario al que quiere vender el producto: un joven entre 15 y 30 (35, 40, etc.) años, posiblemente hombre, cuyo hábitat principal es la red de redes (también el juego se desarrolla en internet). Así da gusto consumir la publicidad.
Y ahora, el vídeo.
Aquí, más vídeos.
We’re all The Pirate Bay!
Vía: The Pirate Bay.
Te echamos de menos, Rodolfo
Para hacer el ridículo a medias, mejor hacerlo con ganas.
de toda la arquitectura institucional que nos reconoce como ciudadanos.