¡Ahí está!
Mientras paseaba, clavaba mi mirada en todas las mujeres que pasaban a mi lado. La estaba buscando. “¡Ahí está!”, y no era ella. “¡Allí!”, tampoco. Cuanta mayor era mi desesperación, más frecuentes eran las mujeres idénticas a ella que se cruzaban a mi paso. “¡Esa es, esa es!”.
Yo la buscaba, sí, pero ella a mí no.
¡Opina, que es gratis!
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