La señal
La noche cubría la ciudad. La marcha rutinaria de obreros había dado paso al merodeo obsceno de putas y yonquis. Un luminoso círculo irrumpió en el cielo y sobre él, la señal de un murciélago.
“Joder, la abuela se ha vuelto a quedar encerrada en el faro”.
Reflejo
Miró al río y vio cómo su reflejo le saludaba. Al principio gesticulaba mucho, pero con el paso de los segundos se fue apagando. Hasta desaparecer.
No volvió a ver una gota de alcohol. Ni a su hermano.
Me desperté
Me desperté y era Tiger Woods. El espejo frente a la cama me lo dijo: Tiger Woods tras una noche muy mala. “No está mal”, pensé. El tigre del golf. Famoso. Multimillonario. Multimujeriego.
Salía de la inmensa habitación cuando una mujer furiosa me abofeteó. ¡Paf! “Nota mental: viajar en el espacio Y viajar en el tiempo”.
En la órbita (en el Aberri Eguna)
EDITO: Sé que el sonido es muy mejorable. Está locutado a través del teléfono.
Menú del día
“¿Qué va a ser, señorita?”. “Póngame un filete de anaconda cruda con crema de hormiga tucandeira y caramelizado con extracto de hígado de murciélago africano”. “Esto… mire… es que de eso… de eso aquí no tenemos eh… no hay”. “¿Y qué tienen, entonces?”. “Un menú del día corrientito. De primero, ojos de asno con tarántulas fritas, larvas del Gorbea en su salsa, …”.
Con educación
Vagón de metro. Hora punta. “Disculpe. Oiga. No sé si se habrá dado cuenta, pero, me parece que me está pisando el pie”. “No es que le parezca; le estoy pisando el pie”. “¿¡¿Podría dejar de pisármelo?!?”. “¿Podría dejar de acostarse con mi mujer?”.